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Túneles y farolillos

  • Foto del escritor: Diego García García
    Diego García García
  • 15 abr 2024
  • 9 Min. de lectura

Muy cerquita de Hué se encuentra una de las ciudades más bonitas de Vietnam: Hoi An.


Hoi An se caracteriza por sus coloridas calles y sus canales. Se trata de un antiguo puerto a orillas del río Thu Bon en el que se instaló gente de todos los rincones del mundo al abrigo del comercio que aquí se gestaba, especialmente chinos y japoneses, pero donde no faltaron tampoco los europeos.


Esta llegada de trabajadores y comerciantes provenientes de diferentes lugares produjo la fusión de una cultura con otra y como resultado tenemos una característica arquitectura local mezcla de elementos asiáticos y europeos. Hoi An se ha convertido en una bien merecida parada de todos los turistas que venimos a conocer este país.


El propio desplazamiento de Hué a Hoi An resulta muy interesante, pues hay que superar el Paso de Hai Van, una hermosa carretera de montaña que ofrece unas magníficas vistas del Mar de la China Meridional, que baña las costas de ciudades tan importantes como Danang y Hoi An.


Tan hermosas son las vistas, que hay que tener cuidado en esta carretera, pues aquí, visto lo poco que se respetan las reglas de circulación, no es ningún impedimento parar tu bici, moto o camión en plena curva para tomar una buena fotografía.


Infracciones de tráfico aparte, la subida es preciosa en un día despejado (días más tarde volvimos a Hué por el mismo paso pero en lugar de vistas nos encontramos una niebla tan densa que deseamos que el conductor tuviera sonar incorporado en su furgoneta).


Tras el Paso de Hai Van se llega a la ciudad de Danang, una de las más importantes y desarrolladas de Vietnam, que tiene, entre otras muchas cosas, las montañas de mármol, que merecen la pena ser visitadas por la belleza de sus templos y figuras de budas, algunas de los cuales se encuentran dentro de grutas naturales que le dan un gran toque espiritual.



Una vez en Hoi An, una de las cosas que hacer es pasear por su casco antiguo, donde perfectamente rehabilitados podemos encontrar edificios coloniales franceses, casas de prósperos comerciantes chinos, templos, etc... Y la joya de la Corona, que incluso sale en los billetes de 20.000 dongs, el Puente Japonés ¡cerrado por obras! Cáspita, no podía salir todo perfecto (no dije "cáspita", pero es que mi madre lee este blog).



Coincidió nuestra llegada con el Festival de la Luna Llena, que hacen una vez al mes por la noche, llenando el río de farolillos de colores que portan en su interior una vela, dando al río una imagen mágica (ecológica cero, pero mágica).


También aprovechan este Festival los barqueros, y cual Venecia vietnamita ofrecen a todo los asistentes una paseíto por el río Thu Bon, para poder apreciar de cerca el desfile de farolillos iluminados.



Prender una vela sobre un farolillo de colores para luego arrojarla al río se hace con el ánimo de que algún buen deseo se cumpla. Da buena suerte y son muchos los que se acercan a la orilla para realizar el ritual. Primero se enciende la vela, la cual se coloca cuidadosamente en el interior de un farolillo que se deja flotando en el río gracias a un palo alargado terminado en una cesta con forma de cucharón.



Y no solo en el río se encuentran los farolillos. Hoi An se ha hecho una firma propia colgando en todas sus calles maravillosas lámparas de todo tipo de colores y formas. El resultado de día es espectacular, pero de noche alcanza ya el grado de la perfecta postal de viajes.



Aparte de la arquitectura y la decoración de las calles del barrio antiguo, Hoi An es conocida por sus sastrerías. Calles y calles enteras de tiendas de confección ofrecen a los turistas el traje de sus sueños por un tercio de lo que costarían en Europa. Tan fácil como llevar una foto, dejarse tomar medidas y pasar a recogerlo al día siguiente (pero no te va a quedar tan bien como al modelo de la foto. Son sastres, no magos).


Y si te cansas de patear la ciudad y del calor que caracteriza a toda esta parte del mundo, tienes al ladito playas kilométricas donde la brisa fresquita es constante y la temperatura del agua es ideal. Recuerda mucho a nuestras playas del Mediterráneo, por el tipo de arena, el color del agua... Con la excepción de que verás en la arena multitud de embarcaciones redondas características de los pescadores vietnamitas. Son como cuencos de bambú, aparentemente frágiles, pero con una maniobrabilidad fuera de lo común.


En esas playas hay muchos sitios donde poder alquilar unas hamacas con sombrilla por dos duros. Pensábamos que nos quedaríamos un par de horas, y al final se nos terminó haciendo de noche de lo a gustito que nos encontramos.



Nos costó despedimos de Hoi An, por lo bonita y tranquila que es, pero nos esperaba la capital comercial del país: Ho Chi Minh City / Saigón.





Saigón es una ciudad muy moderna. Si en todo el país hemos notado un cambio espectacular desde la última vez que vinimos, en Saigón el cambio es estratosférico: amplias avenidas, cochazos, infraestructuras punteras... Eso sí, hay más motos que habitantes, y las reglas de tráfico son igual que en el resto del país: si hay un hueco, se pasa, y la prioridad es del que tiene el vehículo más grande.



De Saigón son muy característicos los edificios antiguos coloniales franceses. Francia quiso hacer de esta ciudad su París en Indochina, y construyó preciosos edificios al más puro estilo galo: la ópera, lo que hoy es el Ayuntamiento de la ciudad, la oficina de Correos y ¡otra joya de la Corona en obras! ("cáspita", de nuevo): Notre Dame de Saigón.



A 50 kilómetros se pueden visitar los túneles de Cu Chi, una vasta red de 200 kilómetros de galerías subterráneas cavadas palada a palada por los guerrilleros del Viet Cong durante la guerra de Vietnam contra los Estados Unidos.


Después de la Segunda Guerra Mundial, Ho Chi Minh, tras conseguir la abdicación del último emperador de Vietnam, declara la independencia del país en 1945. Pero Francia (que había perdido esta colonia ante Japón durante la guerra) no la acepta y regresa a Vietnam como amo y señor como si aquí nada hubiese pasado.


La sociedad vietnamita se opuso a la colonización francesa e inició una guerra que duraría diez años, hasta su definitiva victoria en la batalla de Dien Bien Phu en 1954. Se firmarían unos acuerdos en Ginebra dividiendo Vietnam en dos partes: el Norte comunista de Hanoi y el Sur capitalista de Saigón.


Estados Unidos, en pleno inicio de la guerra fría, teme que el comunismo se extienda por todo el sudeste asiático y comienza a apoyar económica y militarmente al régimen de Saigón frente al Vietnam del norte de Ho Chi Minh. Primero de forma moderada, con asesores militares, algún que otro agente de la CIA por ahí perdido, etc, pero poco a poco comenzó a mandar más y más tropas hasta convertir ese "asesoramiento" en una auténtica guerra en la que llegó a tener hasta más de medio millón de soldados en tierras vietnamitas a finales de los años 60. Y no solo soldados. Johnson y Nixon metieron toda la carne en el asador y emplearon una ingente cantidad de armas, munición, aviones, artillería pesada...



Solo se explica la victoria de Vietnam sobre los Estados Unidos entendiendo la capacidad de adaptación y sufrimiento de su población y de sus guerrilleros, y nada mejor para entender estos aspectos que visitar los túneles de Cu Chi.


La guerrilla del Viet Cong se nutrió principalmente del campesinado vietnamita que decidió coger la armas y lanzarse a la ofensiva contra el invasor. Primero, con los franceses durante diez años, y luego con los americanos durante otros veinte, hasta 1975.


Viendo los túneles de Cu Chi te puedes hacer una mínima idea de lo dura que era esta gente. Su doble condición de campesinos por un lado, adaptados al terreno, a las espartanas condiciones de vida y a la extrema climatología de esta tierra; y su experiencia en la guerra contra los franceses por el otro lado, hacían del guerrillero vietnamita un enemigo imbatible.


Los túneles se emplearon para vivir ocultos, atacar al enemigo por sorpresa, esconderse y aprovisionarse. Son túneles claustrofóbicos, no aptos para gordos traseros occidentales.



Disponían de tres niveles. Los más inferiores llegaban a estar a 10 metros bajo tierra, con un calor duro de resistir, una oscuridad total, enfermedades, animales venenosos...


Dentro de los túneles había diferentes tipos de estancias: salas de reuniones, viviendas, almacenes... Incluso búnkeres en forma triangular para resistir mejor los bombardeos y no quedar sepultados por los derrumbes. También tenían habitaciones donde realizaban operaciones de urgencia a guerrilleros heridos, e incluso había hasta escuelas (llegaron a nacer niños dentro de los túneles)


Para conseguir aire dentro de los túneles utilizaban un sistema de tuberías a base de cañas de bambú. Sacaban a la superficie estos conductos y la chimenea la ocultaban camuflándola como si fueran piedras cubiertas de vegetación.


El problema es que por esos conductos de ventilación salía el olor de los habitantes del túnel al exterior, y los americanos comenzaron a usar perros para detectar estas chimeneas y ordenar el bombardeo de las zonas donde las encontraban.


Aquí es donde comienza una de las muestras del ingenio de los vietnamitas. Comenzaron a poner chili picante cerca de sus chimeneas para provocar que los perros se fueran de la zona molestos por el picor. Pero los americanos terminaron descubriendo el truco y bombardeando igualmente esas zonas en las que los perros salían ahuyentados. Así que la última solución del los Viet Cong fue coger ropa de soldados americanos y ponerlas en las salidas de aire: de esa forma los perros no mostraban ninguna reacción pues les era un olor familiar a "americano".


Las cocinas son otra prueba más de su agudeza, pues no solo colocan la salida de humos bastantes metros más allá de donde cocinan por si tiran un bombazo sino que además, para que no se vea el humo, tan solo cocinan por la mañana a primera hora, cuando se confunde con la niebla.


El agua la sacaban de pozos subterráneos excavando más profundamente aún. Y la electricidad era algo inexistente. Disponían de linternas que solo encendían en momentos de verdadera necesidad para ahorrar batería.


Eran gente muy veterana en la lucha que supieron aprovecharlo todo a falta de recursos propios. Por ejemplo, las bombas del enemigo que no llegaban a explotar, las recogían y transportaban para sacarles (serrándolas con sumo cuidado) el explosivo y colocarlo en pequeños botes, fabricándose así sus granadas. Así mismo, si conseguían inutilizar algún tanque americano, lo usaban como búnker y refugio antiaéreo.


Su vestuario también merece la pena describirlo: mono de color negro por la noche, y verde camuflaje por el día. Sombrero para protegerse del sol. Capa de agua hecha con los paracaídas que dejan los paracaidistas americanos. Sandalias hechas con goma de neumático. Un pañuelo al cuello que les teje la familia al partir como recuerdo y amuleto para que vuelvan sanos y que usan para hacerse torniquetes en caso de necesidad. Y, por último, una linterna, una cantimplora y una hamaca enrollada en la espalda para ponerla en cualquier momento entre dos árboles para descansar.



Las entradas a los túneles, secretas y muy camufladas, son minúsculas, aptas para gente pequeña y muy delgada. Luego está el túnel en sí, que es estrecho, caluroso y claustrofóbico. Algunas partes de los túneles son expresamente tan estrechas que solo un vietnamita fibroso consigue pasar reptando. Aprovechan de este modo a su favor la diferencia de tamaño que suele haber entre los soldados americanos y ellos.



Los túneles no solo sirvieron como refugio y para el desplazamiento de tropas de un lugar a otro, sino que se utilizaron también para volverse invisibles en sus ataques. Tenían búnkeres camuflados a nivel de tierra desde los que disparaban a través de una fina ranura, volviendo loco al enemigo que no sabía ni de dónde venía la agresión.


Luego está una de las partes más escabrosas de la visita, que son las trampas que tendían por doquier. Son trampas rudimentarias, de las que se utilizan para cazar animales, basadas en pisar una zona camuflada y caer encima de unos pinchos. Era una estrategia que utilizaban ante la desventaja de su armamento frente al del ejército americano, provocando además un efecto psicológico brutal para que el resto del pelotón no quisiera internarse una vez que ven que algún pobre compañero suyo ha caído en una de ellas. También cayeron en ellas muchos guerrilleros vietnamitas novatos, que necesitaban que alguien más veterano se las enseñase porque, por supuesto, no venían señaladas en ningún mapa.


No solo existía esta red de túneles cerca de Saigón, sino que hubo otros túneles, incluso más extensos, como los de Vinh Moc, en el centro del país, muy cerca de Danang. Los vietnamitas fueron muy ingeniosos y consiguieron así evadir los controles del ejército americano y establecer kilométricas vías de conexión por las que desplazar guerrilleros, municiones, armas, alimentos y medicinas del norte al sur para poder combatir y ganar la guerra.


Lo increíble es pensar que tenían esta gigantesca red de galerías a tan solo 50 km de Saigón. El gobierno del sur debía estar asustado pensando que en cualquier momento les saldrían vietcongs por las tuberías del baño.


Terminas la visita de los túneles un poco conmocionado, por las horripilantes historias que se cuentan, pero resulta muy interesante para comprender por qué Vietnam terminó ganando esa guerra contra Goliat.


4 Comments


amandinegv
Apr 23, 2024

Incroyables photos… quelles couleurs ! Par contre, Aymeric et moi avons arrêté de respirer tout le temps que David est resté dans le tunnel !! Angoisse 😅

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evalilith8
Apr 16, 2024

Impresionante el relato de la guerra y los túneles.

Gracias por seguir compartiendo!

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Belen DVRF
Belen DVRF
Apr 15, 2024

Experiencia incalculable con gente maravillosa ❤️

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José María Verdú
José María Verdú
Apr 15, 2024

No hay lecciones de Geografía, Historia y Arte mejores que las que estáis recibiendo en ese viaje chicos y grandes... ni viaje de novios más largo...Un abrazo

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