La Roca
- Diego García García
- 17 may 2024
- 9 Min. de lectura
Estuvimos dudando si ir a Alcatraz o no, por si no era adecuado para los niños. Al final, nos resultó a todos una de las visitas más interesantes que hemos hecho.
La visita está muy bien organizada. Lo narran todo estupendamente a través de unas audioguías que te permiten moverte a tu ritmo, y no resulta en absoluto truculento, que era nuestra preocupación, a pesar de lo duro de la historia de este sitio.
Alcatraz es un islote situado a la entrada de la bahía de San Francisco en el que nadie se hubiera fijado si no llega a ser por su estratégico emplazamiento defensivo.
Antes de 1850, San Francisco no era más que una pequeña población. Pero a partir de esa fecha, con la fiebre del oro, la ciudad creció brutalmente y debido a la importancia que adquirió, el ejército de Estados Unidos decidió que estaba demasiado expuesta a un ataque por mar y decidió plantar tres fortificaciones estratégicas a la entrada de la bahía. Las dos primeras se encontraban justo donde ahora te da la bienvenida a la ciudad el Golden Gate. La tercera (me imagino que por si las dos primeras fallaban) se instaló en esta isla de Alcatraz, a medio camino entre San Francisco y el Golden Gate. Al mismo tiempo, con el aumento de la intensidad del tráfico de barcos a San Francisco, se instaló en este mismo emplazamiento lo que fue el primer faro en funcionar en la costa del Pacífico de Estados Unidos, que es una de las construcciones características de esta isla junto con la prisión, que se pueden observar desde la ciudad.
Pronto vieron que realmente no llegaba ninguna invasión por este lado de la costa americana y el fuerte comenzó a utilizarse como una prisión militar destinada tanto para soldados que habían cometido algún delito o infracción como para incluso objetores de conciencia (opositores a la primera guerra mundial formaron parte de la población reclusa de esta cárcel militar).

En los años 30 del siglo pasado el Ministerio de Justicia americano puso los ojos en estas instalaciones y las consideró como un lugar muy adecuado para una prisión de máxima seguridad, y pasó a ser una penitenciaría federal en 1934, con la intención de enviar a ella a los peores criminales del momento así como a aquellos presos que fueran muy conflictivos en el resto de "prisiones normales", por alborotadores o por sus numerosos intentos de evasión. Era como enviar a la cárcel a aquellos que ya estaban encarcelados en otros centros, como un grado más en su pena, un castigo. Sin embargo, parece estar mitificada la terrible fama de este lugar, pues la intención era hacer una cárcel modelo y moderna para la época en la que se trataba y alimentaba bien a los prisioneros (dentro de que no dejaba de ser una cárcel con todo lo que ello conlleva).
Conocida como "La Roca", Alcatraz funcionó como centro penitenciario de máxima seguridad de 1934 a 1963, año en que terminó cerrando por diversas causas, como el alto coste de su mantenimiento respecto a otro tipo de cárceles (por ejemplo, al estar expuesta a los terribles vientos, en mitad de la bahía, sufría un rápido deterioro, o la falta de canalización obligaba a llevar con barcos agua potable dos veces por semana para rellenar una enorme cisterna con capacidad para un millón de litros).
Durante este tiempo convivieron los presos con las familias de los guardias que tenían allí sus apartamentos. Según el rango, tenían mejor casa e incluso hasta mejor "barrio", según en qué parte del islote se ubicara. La casa del Alcaide era una mansión victoriana enorme de 17 habitaciones con vistas al Golden Gate y a las luces de la ciudad de San Francisco, con jardines ornamentales en terrazas y un vivero donde se cultivaban plantas delicadas y coloridas. La casa y los jardines eran atendidos por un preso de confianza.
Los hijos de los guardias iban al colegio en tierra firme mediante un barco de ida y vuelta todos los días de lunes a viernes, salvo si la mar estaba revuelta, en cuyo caso no acudían a las clases y se quedaban por Alcatraz, jugando con sus triciclos por las empinadas calles que rodean la prisión o al beisbol en una explanada bajo el faro.
Aunque pueda parecer incómodo o peligroso vivir en este islote, lo cierto es que la mayoría de las familias de guardias estaban encantadas con la ubicación, pues les permitía realmente vivir en una costosa ciudad como San Francisco prácticamente sin pagar nada por el alojamiento, y disponían de dos barcos que hacían un total de 12 viajes de ida y vuelta cada día a la ciudad, para que pudieran ver a sus amistades y familiares o pasar un día de compras en el centro. Y, respecto a la seguridad, ni echaban la llave de sus casas. Todos se conocían y ni se les pasaba por la cabeza que algún preso pudiera fugarse. Llegaron incluso a disponer de un Club con pista de baile, gimnasio y una bolera de dos pistas para su entretenimiento.
La audioguía que te facilitan para realizar la visita está narrada de forma muy didáctica y amena por antiguos presos y guardias, lo que le da un valor añadido.

La visita a la prisión comienza en la zona donde el prisionero recién llegado se desnudaba y era inspeccionado para evitar que pasara armas o drogas y lo obligaban a asearse sin privacidad alguna en las duchas comunitarias que allí mismo se encontraban: 40 alcachofas puestas en dos filas de 20 a lo largo de una nave fría. Le daban su ropa de preso, color "azul Alcatraz", pero, por algún oscuro motivo, le hacían ir con ella en los brazos desnudo hacia su celda, caminando por todo el corredor central a la vista de los demás presos, quienes denominaban a los recién llegados "fresh fish" (literalmente, "pescado fresco").
Al llegar a lo que sería su reducida vivienda durante los próximos años, se encontraban el reglamento de la prisión, una manta y un vaso metálico tanto para uso dentro de la celda como para el comedor. La regla nº 5 les dejaba claro que tenían "derecho a recibir comida, ropa, alojamiento y atención médica. Cualquier otra cosa que recibieran era un privilegio que debían ganarse".
La zona de reclusión constaba de cuatro bloques rectangulares A, B, C y D. Los tres primeros eran bloques "normales" donde a cada lado había tres pisos de celdas, de unas 20 por cada lado y piso (el número total de celdas era de 336, si bien nunca llegaron a ocuparse todas)
La celda era muy reducida: 2 metros de alto por 2,5 de profundidad y 1,5 de ancho. En ese espacio había un camastro que se sujetaba colgado por cadenas a la pared en un lateral, para poder bajarlo durante la noche y tenerlo subido durante el día, una mesita, y, al fondo, una balda en la pared, el lavabo y la letrina.

El último bloque, el D, era "especial", pues eran celdas de aislamiento donde se enviaban a los presos conflictivos que cometían alguna infracción que les podía costar desde pocos días hasta semanas o años. Era una cárcel dentro de la cárcel. En las celdas "normales" se podía salir a diario, y más los fines de semana, pero en las de castigo tan solo les permitían una hora ¡a la semana!
Por si fuera poco, dentro de este bloque de aislamiento había cinco celdas para "Tratamiento Especial", conocidas entre la población reclusa como "The hole" (el hoyo o agujero), celdas de castigo donde no solo se los dejaba sin poder salir, sino incomunicados y a oscuras. Cuentan que alguno, para no volverse loco del todo, se dedicaba a arrancarse un botón de su ropa y a tirarlo por la celda para, a continuación tras dar vueltas sobre sí mismo para desorientarse, buscarlo de rodillas tanteando con las manos por todo el piso de la celda, a modo de juego para entretenerse y que se le pasara el tiempo más rápido y no tuviera que pensar mucho.
El aburrimiento y el lento paso del tiempo eran las adversidades a las que los presos se intentaban enfrentar de la mejor manera posible. El momento más esperado era aquel en el que los dejaban salir al patio a jugar al beisbol o a alguno de los juegos permitidos por las normas del reglamento. Pero no era un derecho, sino un privilegio que algunos se ganaban y otros no, según su comportamiento.
Algunos otros privilegios, que debían de ser muy valorados, consistían en poder disponer de libros sacados de una biblioteca que se encontraba entre las celdas normales y las de aislamiento. Era una zona inaccesible a la cual no podían ir ellos mismos a coger los libros, sino que un preso encargado de la biblioteca los repartía bajo demanda dejándolos en los barrotes de las celdas. Asimismo, podían suscribirse a revistas o incluso hacer cursos por correspondencia (siempre que contaran con la aprobación de los guardias censores).
Otros presos también llegaron a recibir pinturas y material de dibujo (alguno incluso destacó tanto que se vendieron algunas de las obras que allí creó) o instrumentos musicales, que se les permitía tocar en momentos asignados. Llegó a haber presos a los que se les permitió incluso tener una radio (solo se les permitía escuchar dos emisoras).
También recibían tres paquetes de tabaco a la semana, fumaran o no. Supongo que podrían utilizarlos como moneda de cambio (esto ya es imaginación mía, de las películas).
Los que pudieron ganarse el privilegio de trabajar en los talleres pudieron pasarse más horas fuera de su celda y tener una distracción, aparte de aprender un oficio, lo cual imaginamos que debía de darles la vida, pues todo lo que fuera poder salir de esos muros enrejados debía ser una bendición.
Por Alcatraz pasaron muchos presos, algunos de ellos fueron criminales de fama internacional, tales como Al Capone, o de los más buscados por el FBI en su momento, que contaba con su propio ranking y llegaron a alojar al "Enemigo Público nº 1", Alvin Siniestro Karpis (había otros considerados peores, pero este es de los pocos que capturaron vivos).

De los 14 intentos de fuga en la historia del penal federal, solo una tuvo éxito: la liderada por Frank Morris (al que Clint Eastwood interpretó en "Escape from Alcatraz") junto a los hermanos John y Clarence Anglin (hubo un cuarto preso implicado pero el día de la fuga tuvo un problema con su túnel y lo dejaron atrás).
Con mucha paciencia y astucia fueron excavando y ampliando los agujeros de ventilación de su celda, bajo el lavabo, con cucharas a las que añadieron algún metal más resistente obteniéndolo de monedas fundidas (todo gracias a los talleres de trabajo) para poder excavar el acero de las paredes. Aprovechaban la hora en las que dejaban a algunos presos tocar música para ir golpeando la pared sin que se percatasen los guardias.
Cuando consiguieron hacer un agujero bastante amplio, decidieron escapar una noche de junio de 1962. Al otro lado del agujero se encontraba un pasillo no vigilado de tuberías de agua, cables de electricidad y conductos de aire. Treparon hacia el techo, quitaron los remaches del ventilador que propiciaba la circulación del aire y salieron al exterior. Caminaron por el tejado y, aprovechando la oscuridad y teniendo en cuenta las patrullas, descendieron por la fachada del edificio y se lanzaron cuesta abajo hacia la orilla de la isla.
Al llegar al agua, se embarcaron en una balsa de goma hecha con diferentes telas impermeables cosidas manualmente entre sí que habían ido robando a lo largo de meses, y utilizaron maderas unidas por clavos como remos (no explican cómo fueron capaces de guardar y disimular todo este material).
Su ausencia pasó desapercibida hasta la mañana siguiente gracias a unas cabezas falsas que fabricaron con una mezcla de productos parecida al papel maché, a la que dieron un color realista en el taller de pintura de la prisión y a la que añadieron pelo de verdad sustraído de la barbería. Bajo la manta pusieron toallas y ropa para dar la forma abultada de un cuerpo tumbado y con las cabezas falsas sobre la almohada consiguieron engañar a los guardias nocturnos que patrullaban por los pasillos para comprobar que todo estaba en orden.

A la mañana siguiente, a la hora del recuento, los guardias vieron que ni Morris ni los hermanos Anglin salían de sus celdas. Muy enfadado fue uno de ellos directo a sacarlo de su cama de malos modos, pero cuando le agarró del pelo, la cabeza falsa cayó rodando, dando al guardia el susto de su vida, que aún debió tardar su buen rato en procesar lo que realmente estaba ocurriendo.
No se supo nunca si los tres fugados consiguieron llegar vivos a tierra firme. A lo largo de la investigación de la fuga se encontraron restos físicos de la barca, pertenencias personales, etc. Se concluyó que lo más probable es que hubieran sucumbido antes las corrientes y las frías aguas de la bahía, pero el hecho es que jamás se encontraron los cuerpos.

Alcatraz ha resultado muy interesante. La visita termina con una sala en la que invitan a reflexionar acerca de la política penitenciaria actual de Estados Unidos, donde dan unas sobrecogedoras cifras de más de dos millones de presos, superando con creces el porcentaje de población reclusa de cualquier otro país.

Fue curioso experimentar, tras tan solo pasar un par de horas en el interior, cómo al salir de la zona de celdas llegas realmente a notar el alivio que supone dejar atrás todo ese espacio cerrado lleno de celdas y ventanas enrejadas.

Entiendo que os sintierais “liberados” cuando finalizó la visita a Alcatraz!, por otra parte tan instructiva. Dudo que realmente llegaran vivos a la costa los presos que consiguieron escapar con tan frágil embarcación en un mar infestado de tiburones.
Además de la película de Clint Eastwood es muy recomendable otra, más antigua, basada también en un caso real y denominada en español “El hombre de Alcatraz “ (Birdman of Alcatraz, en su título original).. Un abrazo