Chiang Mai y Chiang Rai
- Diego García García
- 28 mar 2024
- 10 Min. de lectura
Al norte de Tailandia se encuentra Chiang Mai, la segunda ciudad más poblada del país después de Bangkok. Fue capital del Reino Lanna, una civilización con cultura e idioma propios que comprendió algunas regiones de las actuales Tailandia, Laos y Camboya, con mucha influencia del subcontinente indio.
Se encuentra en una zona montañosa, a 700 kilómetros al norte de Bangkok, y eso se nota un poco en la temperatura. No es que hayamos pasado a Pirineos, sigue haciendo mucho calor, pero es más llevadero.
En esta zona mantienen su propia lengua, además del tailandés, pero al parecer se está perdiendo paulatinamente, pues no se enseña en las escuelas. La población sabe hablarla, pero cada vez menos saben escribirla.
El tema de la escritura ha sido una de las dificultades que nos hemos encontrado al entrar en Tailandia. Hasta el momento, en Vietnam y en Malasia, hemos visto todos los carteles y letreros de calles en nuestro alfabeto. No sabes muy bien lo que significan, pero poco a poco los vas identificando: Loi Ra ("salida") o Loi Vao ("entrada") en vietnamita, o Dilarang Merokok ("prohibido fumar", que estaba por todas partes en Malasia).
El problema del tailandés es que ya no es el mismo alfabeto, y es imposible identificar nada. No sabes ni leer el nombre de la calle donde vives (menos mal que existe Google Translator).
No solo la escritura es distinta. En Chiang Mai nos enteramos de que casi volvemos a celebrar por cuarta vez un Nuevo Año. Dentro de poco Tailandia dará la bienvenida... ¡a 2568! en su Festival del Songkran. El cómputo de su calendario comienza con la muerte de Buda. Lo festejan durante tres días en los que la tradición es lanzarse agua por la calle (a la imagen de Buda, agua perfumada).
La verdad es que en Bangkok vimos que al hacer las búsquedas en Internet salían unas fechas muy raras de publicación de las páginas web (23 de marzo de 2563, por ejemplo). Pensábamos que se nos había vuelto loco el teléfono con tanto viaje o algo así. Misterio aclarado.
En Chiang Mai está la Ciudad Antigua. Un casco histórico con los principales templos, los cuales decidimos recorrer el primer día de la mano de un guía en español.
Hay más de 1.500 templos en la provincia de Chiang Mai. Los más interesantes por su pasado histórico se encuentran en este recinto amurallado que marca los límites de la antigua ciudad, rodeada por un foso para hacer la vida difícil a los pueblos invasores.
El Wat Phra Singh es el templo central, de los más visitados. Aparte de los edificios y esculturas fascinantes que se encuentran en todos los templos tailandeses, tiene una pagoda principal en la que se alberga un Buda rodeado de unas estatuas de cera de los principales monjes budistas que dirigieron este templo, con sus ropajes y todo. Son tan realistas, están tan bien hechas, que al entrar todo el grupo que íbamos detrás del guía nos quedamos parados y casi pedimos perdón por la intromisión, pues tienen tanto detalle que por un momento piensas que te has metido entre medias en plena oración.



Otra de las joyas del casco antiguo de Chiang Mai es el Wat Chedi Luang. Este recinto se usó como lugar donde guardar las riquezas de la monarquía e intentar defenderlas de los saqueos de los birmanos (con quienes los tailandeses han estado a tortas durante gran parte de su historia). De hecho, en este recinto se encuentra el chedi (pagoda) que albergó el famoso Buda Esmeralda que ahora se venera en Bangkok, en un templo del recinto del Palacio Real (lo que a efectos prácticos, les ha quitado unos buenos ingresos provenientes de los miles de peregrinos que se desplazan para orar a esta escultura de significado tan especial).
El chedi de este templo es una maravilla. Al parecer, llegó a medir en su momento original hasta 80 metros de altura. Sin embargo, un terremoto lo dejó a la mitad (quién sabe, a lo mejor es el origen de la historia de la Torre de Babel). Aún así, no deja de tener sus buenos 50 metros de alto. Ha sido reconstruido en gran parte, dejando este edificio de base cuadrangular, con una escalera en cada uno de su lados, que ascienden hasta la escultura de un Buda. Al pie de la escalera se encuentran las famosas Nagas protegiendo la entrada (esculturas de serpientes de varias cabezas, fauces abiertas y rostro amenazante). En la base del chedi, como si estuvieran sujetando la estructura, se encuentran unas muy bien restauradas estatuas de elefantes.


El elefante en Chiang Mai es un animal muy presente. Encontramos a unas dos horas de la ciudad una protectora (Elephant Nature Park) encargada de recuperar elefantes rescatados que habían sido maltratados o sufrido un accidente. Se trata de una institución certificada y reconocida por su labor a nivel mundial. No permite montarse en ellos, ni bañarlos, ni hacer nada que pueda perjudicarlos. Tan solo, que no es poco, pasear entre ellos y admirarlos.


Allí nos contaron que albergan actualmente 124 elefantes. Sería más preciso decir elefantas, pues la mayoría de las que dejan campar en libertad por el inmenso reciento abierto son hembras. Hay algún elefante macho, pero lo tienen que dejar en algún recinto cercado más aislado, pues son más agresivos.
Fue muy bonito poder caminar cerca de ellos, y ver cómo hacían vida normal: cómo comían, bebían, jugaban... Nos resultó especialmente llamativo ver a un elefantito de cuatro meses (¡y 200 kilos!) jugar con una gigantesca pelota, como si de un inmenso Messi se tratara. Se la pasaba todo el rato a la madre, animándola a jugar, pero esta pasaba tres cachos. "Bastantes cosas tengo yo ya como para estar dándole a la pelotita todo el día", debía pensar la madre.
También resulta muy curiosa la manera que tienen de proteger su piel del sol y de las picaduras de mosquitos, echándose con la trompa tierra sobre su piel recién mojada, para así crear una capa de barro protectora.
Es impresionante lo que comen estos animales. Almacenes del tamaño de naves industriales llenos de fruta y verdura. Nunca había visto tantas sandías y plátanos amontonados. Cada uno come 20 kilos de fruta al día. Se tragan las sandías sin pelar casi de una tacada, como si fuesen aceitunas, y los plátanos como pipas.
Además, la visita a esta reserva de elefantes fue un día especial, pues fue un regalo que nos hicimos todos, pero especialmente para David, que celebraba así su 9º cumpleaños. ¡Muchas felicidades!

No te puedes ir de Chiang Mai sin subir a un taxi colectivo. Se trata de furgones de color rojo, como los antiguos de la policía para el traslado de presos, pero con la parte de atrás abierta (si no te agarras bien, sales volando). Es un vehículo con una gran caja trasera en la que en dos bancos opuestos se apelotonan los pasajeros. Los turistas consiguen así un desplazamiento muy barato y aventurero y los conductores un buen número de bats por un solo viaje.

Utilizamos uno de estos característicos vehículos para visitar Doi Suthep, un pico cercano desde el que se divisa toda la ciudad y donde se encuentran dos de los templos que no te puedes perder.
En primer lugar, te encuentras el Wat Pha Lat, que es un conjunto de pagodas, salas de oración y residencias de monjes en mitad de la naturaleza. Muy tranquilo y sin apenas visitantes, lo que le da un toque especial de tranquilidad, espiritualidad y de ganas de meditar.


Wat Pha Lat se hizo en un primer momento como albergue de los peregrinos que iban camino de la cima de Doi Suthep para visitar el impresionante templo Wat Phra That Doi Suthep, donde la leyenda cuenta que un elefante blanco que portaba un hueso de Buda subió hasta allí para barritar tres veces seguidas y echarse a morir.
Es en este lugar donde el elefante decidió terminar sus días donde se ha construido la estupa principal, meta final de los peregrinos para realizar sus oraciones alrededor de esta estructura circular, alrededor de la cual se han construido los demás edificios del complejo. Además, desde este templo, al estar en lo alto, se puede contemplar toda la ciudad de Chiang Mai.

Desde Chiang Mai parte un camino conocido como el Sendero de los Monjes, que llega hasta la base de la escalera de más de 300 escalones (como si la subida al pico no hubiese sido suficiente) que asciende hasta la estupa mencionada. Desde luego, para ser monje budista ya puedes tener mucha fe y buenas piernas.
A tan solo tres horas de autobús se encuentra otra de las principales ciudades de Tailandia, Chiang Rai.
Esta ciudad se encuentra en el Triángulo Dorado, así denominado por la riqueza que proporcionó en su momento el tráfico de opio entre las fronteras de Laos, Tailandia y Birmania, en la confluencia de los ríos Ruak y Mekong (el que desemboca cerca de Saigón, en Vietnam).
Este dato del tráfico de opio por la zona puede explicar el surrealismo y la imaginación desbordante de las tres principales atracciones que se visitan en Chiang Rai: El Templo Blanco, el Templo Azul y el Museo de la Casa Negra.
Son creaciones de artistas visuales tailandeses nacidos en esta provincia, que no dejan indiferente. Podrán gustar o no, pero hay que reconocer que imaginativas son un rato largo. Son tan flipantes en sus imágenes y decoraciones que dejarían el universo de Dalí como soso y cartesiano.
El Templo Blanco se trata de un templo no convencional budista de construcción muy reciente (de hecho, sigue aún desarrollándose) así denominado por su refulgente y cegador color blanco nieve. El artífice de este complejo es el artista Don Chalermchai Kositpipat, nacido en la provincia de Chiang Rai, y que debe de tener su ego bien servido, porque hay imágenes de él por los jardines (hay incluso una figura de cartón de él a tamaño real), fotos de su vida, obra y milagros; y hasta una especie de museo al final dedicado a él.
Egocentrismos aparte, el Templo Blanco es un edifico único, recomendable visitarlo con gafas de sol. Deslumbra, literal y metafóricamente hablando.

La idea que sigue en su construcción es el paso del infierno al cielo. Del mundo de las pesadillas a la paz espiritual gracias a la meditación y a las enseñanzas de Buda. Se comienza por una pasarela llena de pinchos, calaveras, demonios... que te lleva hasta el templo que alberga la imagen de Buda.


Dentro de ese templo, las paredes están pintadas de manera que al principio de la sala se encuentra todo lo material y ruidoso de este mundo que no deja tener paz mental al ser humano, y según avanzas hacia Buda, las pinturas y los colores se van calmando, mostrando el equilibrio y la tranquilidad interior absoluta.
Las "pinturas del mal" son muy curiosas, pues son dibujos de la cultura de hoy, tanto del cine, como de la televisión o de acontecimientos violentos actuales. Puedes encontrar dibujado a Superman, Batman, Neo el de Matrix, Pokemon, las Torres Gemelas ardiendo, misiles cayendo de aviones de combate... Lástima que estuviera prohibido fotografiar las pinturas.
Termina la visita del templo pasando por la estatua del Buda y saliendo por una puerta distinta a la de entrada, como si quisiera manifestar así que tras todo el camino desde el infierno y desde lo mundanal, has llegado hasta Buda, y podrás salir renacido y purificado.

El otro gran templo de Chiang Rai es el Templo Azul, obra de un discípulo de Don Chalermchai Kositpipat, también local de Chiang Rai. Sigue un estilo similar (para nuestro gusto, no tan loco), con edificios y esculturas todas en azul.

Mantiene, al igual que el Templo Blanco, la idea de pasar del infierno al cielo según avanzas en la visita. Tiene muchos detalles, pero no está tan recargado como el Blanco, y se respira un poco más de paz y tranquilidad (también porque no está tan abarrotado como el Blanco, que tiene tantas visitas que han puesto megafonía en varios idiomas pidiendo que no se detenga en su visita, que camine, que avance, que crea tapón... qué agobio).




Y si los templos Blanco y Azul pueden parecer de una imaginación desbordante, lo que nos encontramos en el Museo Baandam es inenarrable.
Baan es "casa"/"hogar", y dam significa "negra". El Museo de la Casa Negra es un espacio gigantesco en mitad del campo, que alberga más de 40 edificios y estructuras de varios tipos y tamaños, algunas más locas que otras, que puestas en este jardín salvaje muestran el universo creativo de Thawan Duchanee, artista de esta provincia de Chiang Rai.
Thawan Duchanee es como el Dalí tailandés. No hemos visto nada igual. Y tampoco nos vemos en posición para interpretar el significado de su obra.
Ver sus creaciones hace que te estalle la cabeza. No se nos ocurre algo así ni puestos hasta arriba de porros. Es una mezcla de sueño alucinógeno con pesadilla por indigestión.
Es una mezcla de pinturas de tonos rojos y negros, que desprenden bastante violencia (guerras, animales salvajes peleando, etc), combinada con esculturas de madera de guerreros agarrando sus enormes falos desproporcionados, y tronos hechos con pieles, huesos, astas de búfalos y pieles de serpientes y cocodrilos. Ahí lo dejo a la imaginación de cada uno...
Lo curioso de las pinturas es que gracias a un filtro cobraban vida a través de Instagram. Enfocas el móvil al cuadro y la pintura se mueve (por ejemplo, los soldados de una batalla comienzan a pelear, o un amenazante tigre salta a tu yugular rugiendo).
Toda esta exposición de violencia y sexualidad salvajes a base de fuertes tonalidades, pieles de cocodrilos y serpientes, astas de ciervos y búfalos, se encuentra dentro de una inmensa nave de madera de techos altos, con unas gigantescas puertas de madera llenas de preciosos (y también salvajes) relieves que parece que vayan a cobrar vida.
Fuera de la nave principal se encuentran el resto de construcciones y sitios desperdigados a lo largo de un enorme jardín, donde ya el artista da rienda suelta a esa portentosa imaginación y terminas no sabiendo muy bien ni dónde estás ni qué estás viendo: salas enormes llenas de todo tipo de gongs; otras con tambores; más allá un taller del artista con forma de submarino (¿?) y tres pasos más adelante unas pequeñas mezquitas ovaladas con la media luna arriba...

Thawan Duchanee no deja indiferente con su projija obra, desbordante de creatividad. Os recomendamos echar un vistazo por internet al trabajo de este hombre. Él mismo tiene ya un aspecto llamativo, medio maestro de Karate Kid, medio vendedor de Gremlins en algún mercado clandestino de Bangkok.
Nos vamos pronto de esta artística ciudad y de este fascinante país, a seguir viendo más arte y belleza, esta vez en Camboya, en los templos de Angkor.
Me gusta esa idea de pasar del infierno a la iluminación. Sería peor hacer la visita al revés, jeje.
Como siempre, muchas gracias por compartir vuestro viaje con nosotros!
Es un placer leeros y ver las fotos!!
Besos mil!
Los templos de Chiang Rai son de película de terror!!! Menudo ritmo estáis llevando! No se cómo os aclaráis con tantos sitios como visitáis….Imagino que además de la cámara fotográfica llevaréis un bloc para tomar notas mientras hacéis las visitas. Menudas lecciones de geografía y antropología estáis recibiendo en vivo y en directo! Un abrazo